DÍA DEL MAR Y SUPERCHERÍA HISTÓRICA:
EL MITO BOLIVIANO DE "LA DEFENSA DEL LITORAL"

Por Cristian Salazar Naudón


Hemos repetido hasta la majadería que la historia no se basa en verdades, sino en HECHOS. Sin embargo, es imposible lidiar con la tendencia natural de politicastros y politiqueros a aferrarse de cuanto mito de folklore histórico ronda los libros y los discursos, casi siempre con una intencionalidad subyacente, entre las sombras, como motivación principal.

Por estos días hemos vuelto a escuchar el eco del "Día del Mar" de Bolivia (ahora es "Mar Cautivo"), con una descripción de la fantástica "defensa del litoral" a la que incontables historiadores bolivianos, hasta nuestros días, se refieren emocionados al relatar la primera etapa de la Guerra del Pacífico, intentando describirnos en la actualidad una relación estrecha con el océano Pacífico que, en la práctica, los bolivianos nunca tuvieron, ni siquiera durante la vigencia de los tratados de 1866 y 1874, con los que Chile le cedió al Altiplano -bajo una condición resolutoria no cumplida- los territorios de Antofagasta que el vecino país contabiliza ahora como su más importante "pérdida" territorial.

En medio de esta extravagancia retórica, Bolivia celebra (Sí, leyó bien: "celebra", no "conmemora") el "Día del Mar Cautivo", en el marco de lo que sus historiadores han llamado ostentosa y tremendistamente el episodio de "La Defensa del Litoral Boliviano" y después de la ocupación y reincorporación de Antofagasta al territorio chileno (invasión chilena, según la historiografía peruano-boliviana y de los historiadores de izquierda en general), sucedida el 14 de febrero de 1879. Este año la fiesta incluyó amenazas de invasión por el Hito 31 y la "exigencia" de una salida al mar con soberanía propia.

Una Defensa que jamás existió, sin embargo, pues el combate que sustenta el mito tuvo lugar en Paso Topáter, en Calama, a unos 150 kilómetros de la playa más cercana y varios días después del desembarco chileno y la reivindicación.

Bolivia declara la guerra a Chile

No bien quedó izada otra vez la bandera chilena en Antofagasta, las autoridades santiaguinas sospecharon que Bolivia iba a declarar la guerra para forzar la entrada peruana en cumplimiento del Pacto Secreto de 1873, que aún no era reconocido por Lima pero que ya había llegado tenuemente a oídos de La Moneda, especial por las desesperadas gestiones peruanas para buscar concretar la adhesión argentina al cuadrillazo contra Chile. A pesar de ello, todavía existía un numeroso grupo de políticos chilenos incrédulos de la existencia de tal pacto artero y que seguían confiados en las promesas del ministro peruano José Antonio Lavalle, quien había corrido a presentarse ante la Cancillería chilena con una propuesta de mediación ofrecida por su patria, sin otro objetivo que el de ganar tiempo para armarse y tomar posiciones.

La declaración boliviana de guerra contra Chile, el 1º de marzo siguiente, trajo a la mesa de apuestas la necesaria demostración de lo que estaba sucediendo bajo cuerdas.

Dado que un primer avance peruano podría intentarse sobre Antofagasta en cumplimiento del Pacto Secreto, las fuerzas de ocupación chilenas fueron reforzadas por compañías de los Batallones 2º y 4º de Línea y el Escuadrón de Caballería de Cazadores. El día 13 de marzo, un mes después de la reivindicación, había llegado en calidad de Ministro de Guerra y Marina el Coronel Cornelio Saavedra, junto al Contralmirante Juan Williams Rebolledo. Las fuerzas chilenas sumaban allí unos 2 mil efectivos.

Decididos a adelantarse a cualquier intención hostil y concientes de que los territorios al interior de la Puna pertenecían a Chile también, Saavedra decidió poner en marcha una autorización para ocupar Calama y se despachó al Coronel Emilio Sotomayor para que marchara con 544 hombres, distribuidos en las dos compañías del 2º de Línea, al mando del Comandante Eleuterio Ramírez, una del 4º de Línea, dirigida por el Capitán Juan José San Martín y el Escuadrón de Cazadores, al mando del Mayor Rafael Vargas. Salieron acompañados de pontoneros auxiliares el 20 de marzo, llegando a la ciudad hacia el amanecer del día 23, bordeando el río Loa.

El Combate de Calama

Sin embargo, en Calama se había formado un grupo de resistencia al mando de un agente contador nacido en San Pedro de Atacama, Coronel Eduardo Abaroa, quien se había enrolado voluntariamente en el Ejército de su país.

Aquí nos encontraremos con uno de los tantos mitos altiplánicos sobre "La Defensa del Litoral": Los autores bolivianos, en su interés por exagerar hechos y echar mano al tozudo victimismo que caracteriza sus relatos, suelen describir al pequeño puñado de oficiales bajo el mando de Abaroa y su compatriota el Coronel Ladislao Cabrera como el único contingente que enfrentó a los chilenos en Calama, omitiendo deliberadamente a los demás fusileros y voluntarios locales, que sumaban unos 150 hombres o más sólo en las inmediaciones del río, y otros 250 al interior del poblado.

Al divisar los caseríos, los chilenos enviaron un piquete de 25 cazadores, dirigidos por el Alférez Juan de Dios Quezada, cerca de las 7:30 de la mañana, seguidos desde más atrás por el resto batallón al mando del Capitán San Martín. El batallón de Vargas, en cambio, descendió por otro vado cercano.

Súbitamente, tras atravesar el río, los hombres del grupo de Quezada fueron atacados por sorpresa por una posición de fusileros apertrechados de Cabrera y Abaroa, obligándoles a saltar de sus caballos y a arrojarse al suelo, desatándose así un violento cruce de disparos. Otros 65 Cazadores cruzaron el Loa dirigidos por el Teniente Sofanor Parra; bajaron de las monturas y se arrojaron desde otro costado sobre los bolivianos. La Compañía del 4º, con San Martín a la cabeza, avanzó por sobre los pasos del primer grupo de Cazadores y el 2º de Ramírez, quien perdió su caballo en el combate, lo hizo por múltiples puntos del río.

La muerte de Abaroa

Cabrera se retiró con sus hombres escapando de la reacción chilena. Sin embargo, Abaroa siguió aferrado a su valentía, arrojándose prácticamente solo contra los chilenos y cayendo en el acto, luego de gritar su famosa frase "¡Que se rinda su abuela, carajo!" contra Vargas, cuando éste el rogaba entregarse.

Aunque los autores bolivianos también se entretienen inventado fantástcas humillaciones recibidas por Abaroa en sus últimos momentos por parte de los chilenos, lo cierto es que su sacrificio impresionó a todos los presentes y fue sepultado por sus propios enemigos de batalla en el cementerio del pueblo esa misma tarde, en reconocimiento a su valentía.

Al final del combate, siete chilenos y 19 bolivianos cayeron muertos tras la intensa lucha. 23 miembros de la defensa boliviana que no alcanzaron a escapar, fueron hechos prisioneros.

Abaroa es, hasta hoy, el máximo héroe que reconoce para sí la historia oficial de Bolivia.

El mito de la "Defensa" del Litoral Boliviano

Tras disolver las posiciones enemigas, los Cazadores tomaron Calama e izaron la bandera chilena, cerrando aquel que sería el primer combate de la guerra. Basta ver un mapa para advertir que esto sucedió lejos del mar y en ningún caso como una pretendida y fantástica "defensa del litoral", sino, contrariamente, para contener el avance chileno hacia el interior.

Con el tiempo, sin embargo, la fecha del 23 de marzo pasó a ser en Bolivia oficialmente el "Día de la Pérdida del Litoral", anualmente celebrado en ese país con un sesgo de victimismo y sensiblería tan característico de su discurso sobre las relaciones históricas con Chile.

Curiosa y paradójicamente, en el lugar donde debía haberse producido esta supuesta "defensa del litoral", que era Antofagasta, la ocupación chilena del 14 de febrero había sido en completa calma y tranquilidad, sin enfrentamientos, demostrando lo absolutamente ajenos y desligados que seguían siendo para Bolivia esos territorios, a pesar del intento de acercamiento al océano que se había buscado con los Tratados de 1866 y 1874.

Coincidentemente, tras el combate con las fuerzas bolivianas de Calama por la supuesta defensa litoral, el Ministro Godoy, Plenipotenciario de Chile en Perú, recibía el 26 de marzo una nota desde Lima donde el Presidente Prado descartaba absolutamente la posibilidad de declarar la neutralidad antes de que lo autorizara el Congreso del Perú en un largo mes más, con lo que la complicidad de Lima en el Pacto de Alianza ya parecía incuestionable. El propio Prado debió reconocerla ante Godoy, pocas horas después, al ser acorralado por el Ministro.

Si otra salida, La Moneda envió al Congreso el proyecto de declaración de guerra contra Perú y Bolivia, publicado el dia 5 de abril. El día 12, el Canciller Fierro notificó al cuerpo diplomático residente de las razones de esta declaración. La noticia llegó al Perú sin causar más sorpresas de las que ya habían explotado a lo largo de tantos años de conflicto. El odio, el delirio de grandeza en el Pacífico y el deseo de una aventura bélica sin mediar consecuencias haría en resto en la capital peruana.

Conclusiones

Al contrario de lo que intenta decir la celebración boliviana del "Día del Mar", jamás hubo algún episodio que pudiera identificarse con la "Defensa del Litoral" o un concepto parecido siquiera, ya que el primer combate después de la ocupación de Antofagasta tuvo lugar muy al interior, en Calama, y muchos días después.
 
Tampoco es lícito ni honesto asociar el sacrificio del héroe Abaroa con alguna pretendida defensa de este litoral, cuando es un hecho que la distancia existente entre Calama y las playas más cercanas hace irracionalmente exagerado proponer siquiera que el combate tuvo tal motivación, origen o consecuencia, dado que el territorio que Bolivia identifica como su "litoral usurpado" ya llevaba más de un mes ocupado por fuerzas chilenas que no habían encontrado resistencia alguna por parte de los altiplánicos. De hecho, vemos que el combate estuvo más cerca de las declaraciones de guerra de Chile que de los hechos concretos que iniciaron el conflicto y que coincidirían cronológicamente con lo que Bolivia identifica como la "pérdida" del litoral y su declaración de guerra del 1º de marzo.

En definitiva, estamos frente a un claro y evidente uso politiquero y populachista de un episodio histórico y del nombre de un héroe. Superchería contra historia; la verdad del "Dïa del Mar Cautivo", contra los hechos reales de la historia de este primer combate de la Guerra del Pacífico.


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